La muerte de un gato de la calle: llegamos tarde

La muerte de un gato de la calle

Hoy el firmamento tiene una estrella más.
Una estrella preciosa que brilla con las frecuencias más puras de amor infinito e incondicional. Un alma que no pidió nacer, y mucho menos sufrir de esta manera.

La muerte de un gato de la calle nunca debería ser invisible, pero ocurre cada día en silencio, lejos de miradas, lejos de responsabilidades.

¿Por qué hay tanta maldad?
¿Por qué tanta indiferencia humana hacia ellos?

Los gatos son, probablemente, los más desgraciados del planeta. Muy pocas personas han descubierto lo que realmente son: un regalo inmenso para nuestra propia alma.

La historia de un gato callejero llamado Rubio

A este gato lo llamé Rubio, porque ponerle nombre era darle la importancia que siempre mereció.

Rubio nació en la calle, fruto de la irresponsabilidad humana. Como tantos otros, se buscaba la vida como podía. Una persona les daba algo de comida a él y a los pocos que van quedando. Y digo quedando porque esta colonia está totalmente desatendida: no llegan al año de vida, no hay atención veterinaria, no hay control, no hay protección… solo algo de comida y poco más.

Esa persona me dio el aviso. Me dijo que llevaba dos días con la pata en ese estado.

Cuando llegó a nosotros, la realidad fue devastadora.

Diagnóstico: cuando ya era demasiado tarde

  • Pata totalmente necrosada y momificada
  • Septicemia generalizada
  • Gusanos en los ojos
historia de un gato callejero

El sufrimiento que ha tenido que soportar este gato es imposible de describir.

No vamos a señalar a personas concretas, porque los verdaderos responsables son los ayuntamientos, que miran hacia otro lado una y otra vez.
Pero también duele pensar: ¿Cómo se puede avisar después de tanto tiempo?
¿Todo lo que ha sufrido este animal… solo?

Dios mío.

Llegué tarde… y duele admitirlo

Rubio era demasiado joven para acabar así.
Y lo siento con todo mi corazón.

Quienes me conocéis sabéis que soy de las que mueve montañas, de las que hace lo imposible por salvarlos. Pero esta vez no pude. Esta vez llegué tarde.

Y aceptar la muerte de un gato de la calle al que no se ha podido ayudar es una herida que se queda dentro para siempre.

Que su muerte no sea en vano

Esta colonia está en una situación límite. Si hubiera medios, si hubiera apoyo, se podría castrar, desparasitar y sanear por completo. Pero como tantas otras veces, la administración no hará nada.

Por eso, si alguien puede ayudar, si alguien puede aportar su granito de arena, hacerlo ahora puede evitar que haya más Rubios. Más historias rotas. Más silencios.

Rubio ya descansa.
Libre de dolor.
Libre de sufrimiento.

Ojalá el mundo que no supo cuidarte aquí abajo aprenda algo de tu historia.

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